Reto: ¿sabes distinguir un jamón ibérico de un jamón serrano?

El jamón es uno de los grandes símbolos de la cultura española tanto para nosotros como en el extranjero. Y, sin embargo, no todo el mundo sabe que existen diferentes tipos de jamón, que varían muchísimo en su sabor y calidad. De hecho, normalmente suele haber una gran confusión entre los términos jamón serrano y jamón ibérico, llegando a usarse casi como sinónimos. Por eso mismo hemos hecho este artículo: para analizar y explicar las diferencias fundamentales entre estos dos grandes símbolos gastronómicos.

Diferencias en las cualidades organolépticas

Sabemos que la palabra “organoléptico” suena a algo muy técnico y difícil de comprender, pero en realidad es una cosa muy sencilla. Las características organolépticas se refieren al color, olor y textura a la hora de consumir un alimento, en este caso, del jamón. Por supuesto, a primera vista es difícil distinguir un jamón ibérico de un jamón serrano solo con estas tres partes, pero os vamos a dar unos trucos que os darán más de una pista.

 

Empecemos por el color. El jamón ibérico suele mostrar una tonalidad de un rojo intenso, oscuro, mientras que el jamón serrano tiende más al rosáceo. En cuanto al sabor, la principal diferencia radica en la textura: el jamón ibérico tiene mayor jugosidad que el serrano, puesto que la grasa que posee se estimula con la saliva y le da ese sabor tan peculiar. En tercer lugar tenemos el olor, que es otra de las cualidades que convierte a nuestro jamón ibérico en un producto único, pues tiene un aroma mucho más intenso que otros jamones (como el serrano).

Pero lo más difícil de diferenciar es la consistencia, ya que depende ante todo de la zona del jamón que estéis consumiendo. De todas formas, por norma general el jamón ibérico tiene una superficie más rugosa y más firme que la del jamón serrano.

Diferencias previas a la consumición del jamón

Las diferencias de las que os hemos hablado en el párrafo anterior son aquellas que podemos apreciar con nuestros propios sentidos, pero tenemos que tener en cuenta que derivan de otras que no son tan apreciables a simple vista, puesto que provienen del proceso de elaboración del jamón ibérico o del jamón serrano.

Esto conecta con otro tema del que ya os hablamos anteriormente: las diferentes razas de cerdo (AÑADIR LINK RAZAS DE CERDO CUANDO ESTÉ SUBIDO) que tenemos en España. Así, el jamón ibérico procede del cerdo también ibérico, y el serrano, del cerdo blanco. Al ser distintas especies también tienen una alimentación muy distinta, ya que mientras nuestros cerdos ibéricos se alimentan sobre todo de bellotas (¿Os acordáis de la época de montanera?), a los cerdos blancos se les alimenta con piensos.

Luego está el proceso de elaboración que, cómo no, también es diferente: la curación de un jamón ibérico se alarga durante más tiempo que la de un jamón serrano.

Al final, aunque el paladar llegue a captar todas esas diferencias en sabor o aroma, es nuestro cuerpo quien realmente disfruta de la gran diferencia en calidad. Es por esto que los jamones ibéricos de bellota son más apreciados, lo que deriva también en su precio, que es más elevado que el del jamón serrano (no os lo hemos dicho, ¡pero esta es la diferencia más fácil de detectar!). Sin embargo, siempre merece la pena gastar un pelín más y asegurarse de que lo que nos estamos llevando a la boca es un producto alimenticio de calidad.

Ahora que lo tenéis todo más claro, desde Olalla os invitamos a echar un vistazo a nuestra página web y empezar a llenar la cesta con nuestros jamones ibéricos. Además, cada uno de nuestros productos vienen acompañados de una ficha que os informa de qué estáis comprando exactamente (el peso, el porcentaje de ibérico, el tiempo de curación…), así que no hay posibilidad de que os quedéis con la duda.

 

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