Del cerdo, hasta los andares. ¡Aprovecha tu jamón ibérico al máximo!

Ya os hemos hablado más veces de que deshacerse de un jamón ibérico nada más terminarlo es una locura, porque del cerdo se aprovecha absolutamente todo. Desde usar la grasa en vuestras recetas hasta hacer gelatina con el hueso, en Olalla tenemos claro que un jamón no termina en el último mordisco. ¡Ahora solo nos hace falta que vosotros lo sepáis también! Y para eso están estos artículos, para que nada acabe en la basura sin haberle sacado todo su potencial.

Este artículo se centra sobre todo en el hueso y la corteza que sobra del jamón ibérico cuando ya nos hemos llenado el estómago con toda la carne que nos ofrecía. ¡Así que a ello!

¿Qué hago con la corteza del jamón ibérico?

Al empezar un jamón siempre debemos cortar la corteza para llegar a la carne y, si bien ya os adelantamos una vez cómo cortarlo y qué hacer con ella, hay muchas otras opciones más allá del recubrir el resto del jamón y que no se reseque.

Ya sabéis que nosotros somos muy dados a usarlo todo en diferentes recetas, y esta vez no es la excepción, así que si cogéis todos aquellos restos de corteza los podéis utilizar para darle sabor a vuestros platos.

 

cortar jamón ibérico de bellota

 

Lo primero es coger una cacerola y ponerlo todo dentro a fuego lento, hasta que se derrita bien. Una vez enfriado, metéis la grasa resultante en un botecito en la nevera para que se conserve  el máximo tiempo posible. Mejor si es de cristal, para que la vayáis vigilando, pero no pasa nada porque uséis un tupper de plástico, claro.

Lo que habéis preparado es un potenciador del sabor, y lo podéis utilizar para darle un toque diferente a un guiso de patatas con carne, por ejemplo. ¡O para freír unas patatas! Para esto solo tenéis que añadir una cucharadita de la grasa y estas cogerán ese saborcito salado y, al mismo tiempo, dulzón, del jamón ibérico.

 

¿Qué hago con el hueso del Jamón Ibérico?

Seguro que con esto ya estáis más familiarizados, porque las abuelas usaban (¡y usan!) mucho los huesos del jamón ibérico. Una vez lo hayáis rebañado bien y solo os quede el hueso, tendréis que cortarlo en tres trozos, más o menos de unos tres dedos de ancho cada uno. ¡Cuidado con ellos al poneros a cortar, que el hueso es duro! Con estos tres pedazos podréis hacer tanto el típico caldo de cocido como gelatina.

 

 

El caldo del cocino madrileño, el de toda la vida, es un gran ejemplo de cómo se puede aprovechar el hueso de un jamón ibérico. Para los que no lo sepáis, el caldito se hace colocando dentro de una olla mínimo un buen pedazo de pollo, tocino, garbanzos y el hueso del jamón. Y agua, claro. Lo dejáis cocer todo unas tres horas y no solo tendréis el famoso caldo, sino también cocido para los días más fríos. O para los más calurosos, que hay familias que ni siquiera en verano se perdonan el cocido de los domingos…

Para hacer gelatina, en cambio, cogéis el caldo de jamón que habéis preparado antes (si os animáis también podéis echarle otro de los huesos de jamón ibérico cortado, para intensificar el sabor). Lo metéis en una olla y lo dejáis cocer hasta que el caldo reduzca su volumen y quede una textura gelatinosa. Después, a la nevera.

La gelatina se usa igual que la grasa extraída de la corteza: cuando vayáis a preparar un plato con caldo, añadís una cucharada de gelatina y así os agenciáis su saborcito.

¿Qué, con ganas de acabaros un buen jamón ibérico para experimentar con estas cosillas? ¡Normal! Pero primero habrá que disfrutar de su carne, ¿no? Nosotros en nuestra página web tenemos varios jamones ibéricos que os podéis llevar a casa para no dejar de ellos… ¡ni el hueso!

 

Tienda olalla jamones

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